El Maestro aconseja

Cuando sintieres debilitarse vuestro estímulo, cuando percibieres que disminuye vuestra voluntad y el desánimo intenta envolveros, levantad bien alto el pensamiento, desprendiéndoos de todo lo que en la Tierra pueda perturbaros, y procurad transmitir al espíritu la serenidad, la paz y la conformación de que el carece para enfrentar y soportar, con ánimo fuerte, las vicisitudes de la vida.

Todos tienen sus reveses, desilusiones y sufrimientos en este mundo, y una cruz para cargar. Para algunos, esa cruz será leve; para otros, entretanto, ella se torna más pesada, por motivo de deudas espirituales contraídas en pasadas encarnaciones.

De cualquier manera, todos tienen el deber de cargarla, y cargarla sin revuelta, sin protesta, sin indignación.

Un espíritu esclarecido y de voluntad fuerte, encara la vida con realismo, y solo espera de ella aquello a que es merecedor por su esfuerzo, por su trabajo, por su lucha y por el merecimiento resultante de las acciones que practica.

Es ilusión, es puro engaño pretender las criaturas que la vida terrena sea apenas de compensaciones y alegrías. Eso no es posible, ni lo admiten los que tienen noción de la dinámica evolutiva. Basta que consideréis que no hay progreso sin lucha, y atentéis para la falta que toda lucha origina sufrimientos, que el ser humano tiene el deber de esforzarse para vencer o atenuar con voluntad fuerte, volcada siempre y únicamente para la práctica del bien.

La voluntad consciente y fortalecida por ejercicios constantes se constituye en una fuerza del más alto poder. Es pena que los seres humanos no tengan siempre presente esta gran Verdad!

Los enseñamientos del Racionalismo Cristiano son de solar clareza. Cuando puestos en práctica, levantan, podemos así decir, cuerpos y espíritus!

Caminad, pues, por las amplias carreteras de la vida, con el paso firme y la frente siempre levantada, y no vos dejéis abatir delante de los obstáculos que tuvieres de enfrentar. El abatimiento es incompatible y hasta inconciliable con el esclarecimiento. Sea cual fuere la intensidad del golpe, sean cuales fueren los vendavales morales, el ser esclarecido tiene el deber de todo enfrentar valerosamente, corajosamente, para poder salir victorioso y engrandecido de esas luchas.

El mundo es de los fuertes. Pero no penséis que nosotros queremos referir a los fuertes apenas del físico. La verdadera fortaleza, aquella a que estamos aludiendo, esa la del alma! El mundo es, pues – no alimentéis ilusiones – de aquellos que poseen fortaleza de ánimo y valor espiritual!

Vosotros pertenecéis a nuestra gran escuela racionalista. Es en el Racionalismo Cristiano, bien lo sabéis, no hay lugar para abrigar cualquier debilidad. Lo que aquí debéis haber aprendido, es la necesidad de adquirir confianza, cada vez mayor, en vosotros mismos, y suficiente capacidad de lucha para de ella poder salir victoriosos.

Es esto que el Racionalismo Cristiano procura también hacer comprender a los que vienen a sus Casas, y otra no es la finalidad de la insistencia con que recomienda la lectura de las obras por el editadas, por enseñar ellas a pensar y a raciocinar – manera de poder llegar a la criatura humana a separar la paja del trigo, adquiriendo una personalidad espiritual suficientemente fuerte para dominar y vencer las intemperies de la vida, que son muchas y constantes.

Observamos, sin embargo, no son pocos los que se niegan a la reflexión sobre los enseñamientos que colocamos a su alcance, y no raro interpretan erradamente los saludables principios de nuestra Doctrina. Debemos advertiros contra esta tendencia, para no incidir en el mismo error. Los enseñamientos del Racionalismo Cristiano, por su notable clareza, por la singular objetividad de su contenido y por los beneficios que prestan, precisan ser tomados a serio.

Lo ideal sería que en todas las ciudades del mundo existiesen Casas Racionalistas con sus puertas abiertas para recibir a toda la gente – gente de todas las categorías sociales, de las mas simples, de las mas humildes, a las mas poderosas, materialmente hablando, ya que en los planos espirituales no hay poder que no resulte de la evolución del espíritu, y que no sea aplicado exclusivamente para el bien.

Como esto no es posible, por lo menos por ahora, por falta del elemento mas precioso e indispensable, que es el humano, simple, desprendido y deseoso de contribuir, desinteresadamente, para el bien del Todo, continuad a recibir, en aquellas que ya están abiertas, todos los que a ellas llagaren, dispensándoles el mismo respetuoso y afectuoso trato, dentro de las normas de educación y hospitalidad que deben hacer parte de la vida y de los hábitos de los racionalistas cristianos.

Muy sin embargo sepamos que los hombres están, en su mayoría, lejos todavía de alcanzar la fase evolutiva representada por la primacía del espíritu sobre la materia, los esclarecidos tienen el deber de formar corrientes de pensamiento propugnando por la paz y el bien general de la humanidad, todavía que comprendan que la concretización de ese ideal depende del entendimiento espiritual de la vida.

No ahorréis esfuerzos para manteneros siempre lúcidos, porque solo con lucidez el hombre tiene condiciones de cumplir su deber.

Revueltas, conversaciones exaltadas, discusiones y rebeliones del espíritu, solo pueden causar perturbación, angustia, descontrol y avasallamiento.

Una criatura que con frecuencia se rebela, mas día, menos día, queda avasallada. ¿Cuando comprenderán los hombres y las mujeres la necesidad de ser honestos y espiritualizados?

A los esclarecidos verdaderamente por el Racionalismo Cristiano, causa profunda decepción observar la manera incorrecta con que muchas criaturas inteligentes se conducen, suponiendo que existen secretos en el mundo y que las miserias que practican quedan escondidas. Puro engaño! Al mundo espiritual, nada escapa. Y cuanto al plano físico, más hoy, más mañana, todas las acciones acaban por ser descubiertas. El progreso, tanto material como espiritual, se hace por el estudio, trabajo y comprensión de la vida. Evítense, por eso, conversaciones exaltadas y atentados contra el orden y la voluntad de la mayoría, y huyan de los disturbios, que solamente males ocasionan.

Todos son libres para pensar como entendieren. Los que están, sin embargo, al servicio del Racionalismo Cristiano, tienen deberes mayores, entre estos, el de raciocinar muchísimo, para evitar el cometimiento de errores de que tendrán, mas tarde, que arrepentirse.

El respeto y la dignidad de un pueblo están en su civilización, y no, y nunca en la disolución de las costumbres, en la autorización, en la revuelta y en el desorden. El desorden genera confusión y esta impide el progreso.

(Traducción al español por Adelina González, agosto 2006)

 

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