Crecer duele

Heloisa Ferreira da Costa

El ser humano siempre está soñando con una nueva vida, llena de aventuras, imagina que sus sueños serán realizados, principalmente en la adolescencia. Las historias de felicidad pueblan la mente del joven que busca su propia identidad, pero desconoce el proceso que no será fácil.

Mi sobrina menor viajó en intercambio estudiantil a otro país, los preparativos demoraron un año, en estos últimos meses se intensificaron con la proximidad de la partida, compras, fiestas de despedida, mil planes, hasta que llegó el momento del viaje. Al despedirme me acordé de decirle a ella que el viaje más importante que hacemos es el viaje del mundo de luz al mundo material. Elegimos nuestros padres, pero no tenemos control sobre el libre albedrío de otras personas y esto hace que el futuro sea incierto. En este viaje estaremos solos, entraremos en un cuerpo del cual no nos acordaremos como funciona, pero alguien recuerda ésto? No, porque las leyes naturales e inmutables nos protegen, impidiendo el recuerdo de experiencias pasadas.

La mayor preocupación de todos estaba relacionada a la llegada de nuestra sobrina a un país extraño, la conexión área, si pudiese hacer los trámites de inmigración, si encontrase el camino para el vuelo siguiente... La noche del viaje todos durmieron preocupados por los riesgos, pero los padres querían que la hija creciese, que tuviese nuevas experiencias, y ella misma pidió insistentemente que éste sería su regalo de entrada a la vida adulta. Hasta que llegó la mañana y la niña llamó por teléfono: “Papáaaa!!”, ella tiene una manera cantarina de llamarnos, el padre apenas pudo responder, con tanta emoción: “Holaaa!”; se terminaba el miedo, ella ya había llegado a destino y se encontraba con su nueva familia que la recibió de brazos abiertos y llenos de expectativas también.

Aunque la noticia trajo también desasosiego, la adolescente de apenas dieciséis años, tal vez influenciado por todo lo nuevo, muy asustada, lloró copiosamente extrañando a la familia, sintiéndose incapaz de soportar la situación, no podría alimentarse... pero comenzaba a crecer. Luego, a través de los e-mails o los chats que enviaba, comentaba que tenía conciencia de que volver la convertiría en una fracasada, que la familia de allá estaba haciendo todo lo posible para hacer su estadía más agradable, pero ella sentía un nodo en la garganta que la sofocaba. Sabía que necesitaba comer, pero no podía; sabía que tenía que resistir y con toda su ingenuidad confesó: “Tía, crecer duele!!” Nuestra niña está madurando y ya entendió que el proceso es doloroso. Cuando yo dejé la casa de mis padres también sentí la inseguridad de estar sola, pero yo quería ser independiente, no quería tener que casarme para tener mi propia casa, mi propia identidad. Pero dolió y mucho.

El deseo de todos nosotros fue tomarnos un avión para rescatar a nuestra muchachita, pero si la libráramos de este “secuestro”, ella sería rehén de sí misma el resto de su vida. Le dimos orientación para que ella hiciera limpiezas psíquicas, que tuviera control de sus pensamientos, pero ella es un espíritu inexperto aún y no sabe que la vida es un viaje, que este viaje no es una línea recta, que no está hecho de seguridades y garantías. Tenemos que considerarlo como un escenario donde desempeñamos nuestro papel y necesitamos asumir la responsabilidad de escribir nuestro propio guión y vivir aquello que queremos.

Tengo seguridad, mi querida Isabela, que tu guión comenzó a surgir, pero el corazón está inseguro todavía, lo cual es normal. El mismo día que pensaba escribir este artículo, encontré en mis investigaciones, exactamente lo que estas situaciones nos hacen sentir: “Somos como el insecto, que para crecer tiene que romper su capullo, el cual por un lado lo protege y por el otro, lo aprisiona. El insecto rompe su exoesqueleto varias veces durante su vida, de manera un tanto traumática, lo que lo deje vulnerable por algunas horas. El insecto rompe su capullo para crecer. El hombre rompe paradigmas (cambia creencias asumidas) también para crecer, y a veces, crecer duele.”

Crecer puede doler pero el peor dolor es aquel causado por el miedo a la evolución, y el individuo no podrá huir de las inseguridades de la vida porque más tarde o más temprano tendrá que enfrentar la realidad. La magia de la vida está en la realidad; si el miedo ataca, hay que esquivarlo.

Todo en la vida tiene su propósito, una razón de ser, pero es preciso estar atento y receptivo para ver más allá de lo aparente.

Heloisa Ferreira da Costa

 

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