Casa y hogar

Maria Cottas

Leí en un ladrillito blanco una frase simple, pero verdadera, y cuanto más nos detuviéramos en la vida moderna, en lo que va por ahí en materia de congregación familiar. He aquí la frase: "Casa es hecha de piedra; hogar es hecho de amor".

Quien busque por los lugares de la ciudad una situación perfecta de vida moderna, quien abriere bien los ojos ante los dificultades por las que pasan los seres nacidos y viviendo sobre el mismo techo, fácilmente llega a esta conclusión lamentable. Es que hoy hay muchas casas, pero pocos hogares.

Culpan en parte a los apartamentos actuales, tales como salas y cuartos conjugados, donde no hay lugar suficiente para toda la familia, cuyos miembros procuran diversiones en la calle, afuera, y solo vuelven a la a casa por lo por tanto, cuando algunos duermen y otros todavía no se reunieron.

De ahí la indiferencia que va llegando, cada cual por su lado y las opiniones que no cambian, los sentimientos que no se demuestran ni se expanden. Siguen solitos, pensando a su modo, sin oír consejos, sin preguntar unos a los otros lo que haya de tal idea o procedimiento. La vida libre se establece, la independencia continúa, padres e hijos no se entienden más, no meditan más en conjunto, no dicen más lo que quieren y por que quieren tomar esa o aquella actitud. Se van así acumulando los errores, sin la opinión de una voz autorizada y amiga, de un cambio de pensamientos, girando en torno del verdadero amor familiar.

Se tornan así los seres desligados entre sí, separados marido y mujer, padre e hijos, por fuerza de hábito que genera la falta de confianza, el desamor, la carencia de armonía, que une o debería unir los miembros de una misma prole, que se ven mal, se hablan mal, no se comprenden más. Procuran, entonces, con extraños la felicidad que no encuentran, la ventura perdida, la verdad transformada en ficción, consecuencia de diálogos estériles.

Surge, entonces, infaliblemente, en la dureza de su estructura de piedra, la casa construida por las manos del hombre. El hogar, esté hecho de fibras de amor, edificado sobre ese noble sentimiento, desapareciendo, se torna una frustración, un error, un arrepentimiento, un mal sin cura, un dolor sin remedio, paredes hendidas por las rajaduras, por los vendavales del tiempo, del tiempo perdido entre experiencias de mentalidades diversas y fallas de almas descontroladas, de cuerpos que no se unen, de amores que nacieron para vivir y complementarse en un hogar que debería ser el rincón de la familia, donde se guardasen las alegrías y tristezas y que, no obstante, viene siendo trasformado en ruinas.

(Del libro Crônicas oportunas)

Traducción de Adelina González

 

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